San Pedro Apóstol Ikastetxea

Sobre nosotros

   El Colegio San Pedro Apóstol, fundado en 1900, es una institución docente propiedad de las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús, que siguiendo las líneas trazadas por su fundadora, Santa Francisca Javier Cabrini, está configurado como un centro mixto, católico, concertado y abierto al alumnado de entre 0 y 16 años.

   Situado en una zona céntrica de Bilbao y en auge, Campo de Volantín 36. A lo largo de más de 100 años de existencia se ha ido modificando para dar respuesta a las diferentes situaciones y necesidades del entorno más cercano.

 

Historia

El susurro de la Ría de Bilbao permanece acallado por el ruido del tráfico y el charloteo de los niños y jóvenes que se disponen a entrar al colegio para la sesión de la tarde.

La Ría en silencio, mientras tanto, ornada por mil y un proyectos, discurre orgullosa por el recién estrenado paseo de las Universidades a la sombra del brillante Museo Guggenheim y de la secular Universidad de Deusto, alejándose serena hacia el mar.

Si la Ría pudiera hablar nos traería recuerdos de famosas y ruidosas fábricas y de otros
tiempos y personas.

Al abrigo de esa misma Ría, el mes agosto de 1900, Madre Cabrini llega a Bilbao, siguiendo las indicaciones del Papa León XIII y del propio Obispo de Vitoria, D. Ramón Fernández Piérola que le habían pedido extender su misión a España.

En Bilbao, Dña. Catalina Layarde Dualde, viuda de D. Pedro Telesforo de Errazquin, le ofrece a Madre Cabrini su villa San Pedro, en buenas condiciones de pago. Una casona en el Campo de Volantín, de apariencia noble y recursos pobres, que Madre Cabrini, con el brío de su raza italiana y la decisión firme de quien se siente enviada por designios no terrenales, consigue, contra viento y marea, poner en marcha una casa para niñas huérfanas y en ella ofrecerles el calor de una familia que no tenían.

Allí quedó grabado su estilo audaz y apasionado, su espíritu abierto y flexible, su permanente deseo de servir, su confianza en el Sagrado Corazón de Jesús, y un nombre que aún hoy se repite: "Las Italianas"

En 1936, al estallar la Guerra Civil, las Hermanas son obligadas a salir de España. El 17 de junio de 1937, el colegio es saqueado e incendiado y las alumnas se ven obligadas a dispersarse, buscando refugio en los alrededores. Posteriormente serán recogidas y enviadas a Vitoria bajo la custodia de las Hijas de la Caridad.

Las hermanas regresan a Bilbao el 19 de octubre de 1939, pero no consiguen encontrar una casa donde alojar de nuevo a sus alumnas. Se ven obligadas a marchar con ellas al colegio de Madrid, mientras comienzan los trámites con el Ministerio del Interior (Regiones Devastadas) para que se inicie la reconstrucción de la villa San Pedro.

El 27 de noviembre de 1952, el Gobierno hacía entrega oficial del edificio, que ya no ostentaba la suntuosidad del anterior, pero se presentaba mucho más funcional para la obra que se quería realizar. El 10 de enero de 1953 se reanuda la misión de Madre Cabrini.

Cuando los recuerdos de la Segunda Gran Guerra se disolvían en el tiempo, el ahora Colegio San Pedro Apóstol, con la lectura de los tiempos en la mente y en el corazón, cargado del amor gratuito que inspiraba el pecho abierto del Salvador, asumió con decisión y visión de futuro dos retos importantes: la progresiva incorporación de personas seglares en apoyo a la labor educativa y la oferta de un colegio completo que permitiera a sus alumnas afrontar con éxito la entrada en la formación superior y, con ello, el reconocimiento de sus derechos fundamentales.

Pero, cómo no, la Misión tuvo también su necesario paso por el desierto, paso que coincidió con la nueva época de la Modernidad: nuevos paradigmas de pensamiento, el avance de la democracia, la secularización de la sociedad, la exaltación a la libertad de la persona sin apenas referentes y acotaciones, la huida desenfrenada de todo compromiso, unidas a la crisis de las ideologías y pensamiento seculares, conlleva inexorablemente una crisis en la orientación de los principios básicos del aprendizaje.

Simultáneamente se produce un acusado descenso de la natalidad, además la presencia de otras ofertas educativas en la zona…, todos estos factores fueron debilitando el vacilante pabilo de la llama que encendió aquella enérgica mujer.

Sin embargo, un hecho haría cambiar la dirección inexorable de los tiempos y las circunstancias: el colegio celebraba su centenario y con el nuevo siglo parecían disolverse como azucarillos las negras nubes de la desilusión y el desencanto. Injusto sería nombrar a algunas personas y olvidarse de otras que realmente avivaron el fuego.

Baste señalar la presencia comprometida y el apoyo entusiasta de la Madre General,
Lina Colombini.

Desde entonces el brío cabriniano volvía a hacerse presente y con la ayuda de las modernas técnicas estratégicas, se recreaba una nueva fundación con un innovador Proyecto que; con la Misión (la obra de Madre Cabrini fue orientada hacia las personas necesitadas y como respuesta educativa a las necesidades sociales), la Visión (ella y nosotros queremos un colegio moderno y que sea capaz de un compromiso firme por deshacer la injusticia estructural) y los permanentes y siempre actuales Valores de la paz, la disponibilidad y el compromiso; ponen las raíces fuertes para que el Proyecto sea capaz de responder a nuevas necesidades: la educación infantil, la renovación pedagógica y el nuevo grito de los pobres que ahora vienen de otras tierras. No podía ser de otra forma, no en vano aquella mujer fue declarada Patrona de los Emigrantes.

Los nuevos retos exigían una apuesta confiada, audaz y valiente. Los esfuerzos económicos y humanos, no tardaron en sorprendernos, reavivaron la llama y la fe de Madre Cabrini, que suena hoy con más fuerza que nunca "Todo lo puedo en Aquel que me conforta". Con esa ilusión se apuntan nuevas direcciones, nuevos retos, nuevas empresas. Y todo ello como un proceso que necesita tiempo, esfuerzos, personas… y mucho cariño, sobre todo mucho cariño.

La Ría ahora, sigue teniendo muchas miradas azules reflejándose en ella y sigue sonriendo esperanzada al murmullo de los niños y jóvenes que se disponen a entrar al colegio en la sesión de tarde. Bien sabía ella que no podría ser igual su camino hacia el Cantábrico sin el paso por el Colegio San Pedro Apóstol.